Esto es un cuento ilustrado, pero no es un cuento ilustrado al uso. En esta ocasión se realiza primero el dibujo, a cargo de un servidor, y posteriormente la ilustración sirve de inspiración para  que el escritor, en este caso Serafín Gimeno, idee este fantástico cuento.

 

El Árbol y el Principito 

El principito vivía en su minúsculo planetoide abatido por la nostalgia, añoraba días felices, allá, en el lejano reino de su padre, donde el sol se ocultaba para nacer de nuevo, donde discurrían ríos cristalinos entre prados verdes, donde las ovejas pastaban y mozas de larguísimas trenzas lavaban la ropa, el cabello inclinado sobre el agua. En su cielo no le faltaba la luz, ésta provenía de enjambres de estrellas que si bien en un principio pareciéronle hermosas, al discurrir de los años adquirieron la fealdad de un culo de luciérnaga, de un parpadeo sucio, de un titilar descompuesto y sincopado. A la falta de estética había que añadir una gran desventaja, las estrellas no podían suplir al sol en su tarea de compartimentar el tiempo, y sin sol que las eclipsara durante el día estaban siempre ahí, colgadas en la inmensidad, tan frías como ojos de gato en la distancia de un camino nocturno que nunca habría de recorrer. Luego estaba la tierra, su planetoide era estéril, no crecía nada en la arrugada superficie. Y el agua, ¿qué decir del agua? El principito tenía un pozo perforado en el centro de su mundo, si pudiera hablarse de algún tipo de centro, pero de él tan sólo podía extraer poco más de un cubo al día. Y así vivía su exilio el principito, entre una creciente melancolía y una sorda desesperación que acrecentaba sus raciones de desconsuelo tras cada segundo, minuto y hora de los cuales se componían la uniformidad de unos días carentes de transcurso definido. Alborada, mediodía, crepúsculo, noche, eran palabras, conceptos, de significados incomprensibles.

Un día, el viento estelar arrastró una semilla hasta el planetoide, depositándola junto a un cráter. El principito la descubrió una mañana o lo que él pensó que era una mañana, pues acababa de levantarse. La recogió del suelo y la sostuvo entre sus manos, su forma oblonga albergaba un tacto delicado, casi de terciopelo. Tenía buen tamaño, sus dimensiones ocupaban la superficie entera de una de sus manos. Poseía un hermoso color caoba que le permitía destacar del suelo grisáceo del planetoide. Por primera vez después de mucho tiempo, el principito sintió la alegría  que proporciona la obtención de un propósito, de un proyecto o plan de vida. Se había fijado una meta y aquello debiera bastar para mantener a la desesperanza alejada por un tiempo de su cabeza. Enterró la semilla en el centro del cráter y a partir de aquel día que quizá fuera noche compartió su agua, tan escasa, con aquella promesa de vida. Tras regar la simiente en lapsos de tiempo calculados como buenamente pudo, se sentaba por tiempo indefinido junto a su cultivo a la espera de un movimiento de tierra, de un levantamiento en la corteza del planetoide que anunciara la germinación de la planta.

En los primeros días o noches no pareció ocurrir nada, y en un momento, de sopetón, durante una de las jornadas en las que el principito se mantenía a la espera, al pie de la siembra, un tallo verde brotó del suelo para levantar en el aire del planetoide una hoja apenas formada. Tras la tímida eclosión, el crecimiento de la planta fue rápido y sostenido; se trataba de un árbol que pronto alcanzó gran porte. Como si la tierra del planetoide, que hasta entonces se había mantenido estéril, hubiera reservado todos sus nutrientes para abastecer al árbol del principito.

Una mañana que tal vez fuera tarde o quizá noche, el principito sacó brillo a su corona, ajustó el símbolo de distinción lo mejor que pudo a su cabeza, se acercó al árbol, ya de considerables proporciones, y acarició su corteza. Tenía un tacto delicado, casi de terciopelo, igual que el envoltorio que en el pasado recubrió el germen de lo que ahora era: un árbol hermoso, de intrincado ramaje verde, lleno de fragancias de clorofila y esencias de maderas nobles. El principito sostuvo un semblante sonriente contra la fronda, sus expectativas se habían cumplido, su propósito, su proyecto o plan de vida se levantaba orgulloso en medio del cráter. Levantó la vista hacia la copa sin separarse del tronco, localizó la rama más robusta, trepó al árbol, ató una cuerda a la rama y unió el otro extremo a su cuello. Saltó al vacío.

El enjambre de estrellas, infinitud de luces como culos de luciérnaga, como ojos de gato al final de un camino nocturno, iluminó el vaivén de sus pies menudos, el baile de sus piernas sobre un cadalso cultivado con la devoción de todos aquellos náufragos que no esperan otra cosa que ser rescatados por su propia mano.

 

FIN

Un circo en miniatura (parte II).

           “La primera fase del aprendizaje consistía en romper el instinto natural de las pulgas hacia el salto, brincos que podían cubrir una distancia de 340 veces la longitud de su propio cuerpo. Conseguí la sublimación de ese instinto encerrando a mis pupilas en la oscuridad de una caja de cerillas por espacio de varios días, semanas en el caso de las más díscolas. En su intento por huir de tal encierro con el recurso del salto, las pulgas golpeaban sus cuerpos una y otra vez contra las paredes y el techo de la caja.” 

Trabajando en las ilustraciones del nuevo libro de relatos de Serafín Gimeno: ‘Cuentos Demenciales’.

Si te interesa nuestro anterior trabajo: ‘Sala de Despiece’ lo puedes encontrar en  http://http://es.united-pc.eu/libros/narrativa-novela/sala-de-despiece.html?L=6

 

Según parece, la gente de Novum pro , editorial en la que el escritor Serafín Gimeno y un servidor publicamos el libro Sala de Despiece, ahora está potenciando una nueva plataforma web para la publicación de libros, se le conoce como Editorial United Pc y este es el enlace en el que se puede encontrar nuestro libro en venta.

El libro en papel cuesta 16,90 €. Lo que no está mal, la versión en pdf para ebooks sale por 10,99 €. Me parece una barbaridad intentar vender un producto de este tipo: un pdf, a ese precio, pero bueno. Si alguien lo quiere en papel es precio es mas ajustado y los relatos están bastante bien, os lo recomiendo.

 

Me informa Serafín Gimeno que en muy pocos días, ya casi, la editorial Novum publicará el libro de relatos cortos Sala de Despiece. Escrito por él y dibujado por un servidor. Es nuestra primera colaboración conjunta y estamos muy deseosos de tener el libro entre nuestras manos.

He aquí el aspecto que tendrá la portada definitiva.

 

He terminado las ilustraciones para el Bestiario del Maltrato, libro de relatos cortos escritos por Serafín Gimeno. A ver si tenemos suerte y se publica pronto. Aquí dejo de muestra unas cuantas ilustraciones.